lunes, 25 de junio de 2012

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Hoy hablaba con una amiga acerca de nuestras personalidades. De ser tan aceleradas, de querer acaparar todo, de querer estar en todo, de vivir corriendo, en acción constante. Hablamos de que sería bueno equilibrar un poco, de parar, de sentarnos, de desacelerar.
Terminamos de cenar con F, se fue a acostar, se durmió rápido; yo mientras que ordenaba su cuarto, al mismo tiempo junté la ropa para lavar, fui a la cocina, abrí la canilla, la dejé abierta, el agua corriendo para que vaya sacando con el agua bien caliente la grasa de los platos y volví al cuarto, comencé a  juntar la ropa... Entré al baño, revisé... Volví a la cocina... Las Cataratas del Iguazú en vivo y en directo, toda la cocina inundada, los cajones inundados, los estantes con todo mojado... Qué bueno, que ganas que tengo, a las 23.15, de sacar tooooodo lo que hay adentro, secar, secar las cosas, y volver a ordenar.
La experiencia, el hecho, comprueban de que evidentemente, tengo que parar un poco.
Lado positivo: La alacena, los  cajones, quedarán super limpios. ¡Música maestro! ¡Y a ordenar! Adele, Amy, Silvio, denme una mano, cantenme al oído...